Mi primera Luna

En esta ocasión comienzo yo, Camila, pero no la que ustedes conocen, sino otra que poco a poco ha ido descubriendo el mundo del sagrado femenino y se ha comprometido con la difusión de las toallas ecológicas y todas las revelaciones que su uso traen.

Mientras elaboraba mi primera luna, con el objetivo de llevar los talleres a los diferentes lugares en los que me encuentre, pensé que el título del primer post de este blog tenía que ser “Mi primera Luna”. Iba a contarles la alegría que sentía durante el proceso y cómo soñaba con compartir ese conocimiento a otras mujeres, pero ahora que comencé a dejar fluir las palabras, recordé el momento de mi primera menstruación y creo que es importante hablar de eso primero.

El año pasado estuve en un taller llamado “Los dones de la ciclicidad femenina. Aliándote con tu menstruación”, dictado por la terapeuta menstrual colombiana Carolina Ramírez. La primera dinámica fue justamente esa: compartir con el grupo cómo fue nuestra primera luna y analizar el efecto que esa experiencia ha tenido en nuestras vidas. Sorprendentemente, existen familias en las que la menstruación es una tragedia relacionada con el sexo desenfrenado y la ‘metida de pata’; o una situación meramente comercial que señala el momento de comprar todas las variedades de toallas higiénicas posibles para que la niña escoja; o un momento biológico que indica que vas a sangrar por décadas y tú verás cómo lo manejas; pero en ninguno de nuestros casos, fue una celebración de nuestra feminidad y una bienvenida a la época mágica que inicia.

¿Que la sangre es magia?
¿Que los dolores menstruales son magia?
¿Qué hay de mágico en estar ‘sensible’ o ‘de malgenio’?
¿O en que te sientas muy cansada para seguir el ritmo super hiper macho que toda mujer que se respete debe seguir a cabalidad?

Pues les voy a decir lo que NO es en absoluto racional, respetuoso, moderno o vanguardista: usar productos de ‘higiene’ femenina que tengan tantos químicos encima, que en varias ocasiones te generen irritaciones, alergias e infecciones; que la única manera de aliviar los dolores menstruales sea la sobredosis de pastillas porque somos unas completas ignorantes en el tema de hierbas medicinales y ejercicios para aliviar los cólicos; que no seamos capaces de darle a nuestro cuerpo el descanso necesario en los días en los que nuestro cuerpo invierte mucha energía finalizando un ciclo, y además nos castiguemos por sentirnos cansadas, tristes o de malgenio.

Este primer post viene con una propuesta y es que te juntes con las mujeres de tu vida (mamá, abuela, hermanas, amigas, primas, etc.) y que cada una le cuente a las demás cómo fue su primera luna. Les aseguro, por experiencia propia, que se van a mirar diferente y, sin que se den cuenta (esto lo aprendí con unas brujitas), sus úteros estarán conectados energéticamente y comenzarán a sanarse por el mismo hecho de reconocerse y hermanarse. Reúnanse en círculo, prendan una velita, eleven un rezo bien sentido a su representación de la divinidad femenina (Virgen María, Madre Tierra, Yemanyá…) y comiencen a despertar la magia de sus ciclos volviendo a ese primer día. Así, poco a poco, respetando sus tiempos y honrando sus caminos, pueden abrirle la puerta a otras alternativas de vivir su feminidad.

Cuéntanos cómo te va, pregunta lo que quieras saber y, como siempre ha sido con las Lunas, cuenta con nosotras para descubrir este camino.

¿TE ANIMAS A CONTARNOS CÓMO FUE TU PRIMERA LUNA?

Escrito por:
Camila Franco E.
memoriadespierta.blogspot.com
cami_franes@hotmail.com