Lavar tus Lunas (y tus Prejuicios)

La gran pregunta –y a veces la mayor resistencia– de quienes comienzan a usar Lunas, está relacionada con el lavado de las toallas. La adaptación a una nueva rutina de usar y lavar, mientras te liberas del mal hábito de usar y tirar a la basura, puede tomar algunos ciclos; pero una vez que lo tienes interiorizado, es mucho más fácil de lo que piensas.

Los medios de comunicación, la publicidad y las películas, nos han adoctrinado para ver la sangre menstrual como algo ‘asqueroso’ que debe ser eliminado cuanto antes y sin que nadie lo note. Si el líquido emana de un machote que ha sido herido en combate, esa sí que es sangre de héroes; pero cuando se trata de mujeres menstruantes el tabú y la vergüenza todavía predominan. Estas ideas erróneas son las que nos han llevado a vivir en un mundo al revés, que glorifica la violencia y subestima la belleza de lo natural, pero en la historia de la Tierra todas las hembras son las heroínas porque no hay vida sin sus vientres, y el tuyo sangra en señal de que puede cobijar a un nuevo ser hasta que esté listo para salir al mundo.

Así que una de las primeras transformaciones que vivirás cuando comiences a lavar tus Lunas, es la de revalorizar tu menstruación como un período absolutamente natural y saludable. ¿Incómodo? Eso depende de ti, pero te aseguro que conforme vas haciendo las paces con tu sangrado y feminidad, la incomodidad se queda sin piso.

Sí, vas a tener que enjuagar tu sangre y al principio puede ser abundante. Una de las consecuencias de usar toallas desechables o tampones, es que tu cuerpo rechaza ese material extraño que entra en contacto con partes tan delicadas y puede producir produce mucha más sangre de la que debería. La buena noticia es que al volver al algodón –un material natural y limpio– tu menstruación comenzará a tener cambios que nunca creíste posibles. Y lo digo por experiencia propia. Además, al contrario de lo que pasa al utilizar materiales sintéticos, verás que al usar Lunas la sangre no tiene mal olor. Claro que tiene un aroma particular –es sangre al fin y al cabo–, pero de ninguna manera se parece a esos malos olores que despiden las toallas de plástico.

Luego de varios meses verás que el flujo y los cólicos serán menores, y que no hace falta llevar todo el paquete Lunas en la cartera porque te mueres del susto de que no den abasto. Sin embargo, al comenzar a usar Lunas te recomiendo que tengas suficientes toallitas disponibles para tu ciclo, ya que el proceso de lavado y secado toma su tiempo y necesitarás sentirte tranquila en todo momento. Eso también te evitará la tentación de usar desechables si tus Lunas están mojadas y “no te queda otra opción”, y te permitirá acostumbrarte por completo al proceso.

Otro de los temas cruciales, que para algunas tal vez represente el mayor reto, es lidiar con este cambio frente a las personas que las rodean y que, probablemente, también están lidiando con sus propios prejuicios. ¿Qué pensarán tus padres, hermanas/os o pareja, si se cruzan con un recipiente que aloja Lunas en agua roja, o con tus compresas secándose al sol? Pues como siempre, pensarán lo que ellos quieran y tú muy poco puedes hacer para cambiarlo. Lo importante es que eso no te impida llevar a cabo una rutina completamente saludable, transformadora y amigable con el medio ambiente. De hecho, atreverte a hacer un cambio real a pesar de los prejuicios de otros, te demostrará qué tan firme puedes llegar a ser en tus creencias e inspirará a los demás a ser auténticos con ellos mismos.

Luego de que has superado estos pequeños miedos –porque se pueden ver grandes al principio, pero cuando están en el pasado los ves insignificantes–, te darás cuenta de que usar Lunas es un hábito de lo más cómodo y llevadero, y ni pensarás en la locura de volver a poner plásticos blanqueados con químicos en las partes más delicadas tu cuerpo.

¿Te has tenido que enfrentar a otro reto que no hemos mencionado? ¡Cuéntanos e inspira a otras mujeres a hacer este hermoso cambio!